El nacimiento de una voz colectiva

Toda comunidad que progresa necesita organización, identidad y una voz clara. El Comité Cívico de Ecuatorianos en España nace precisamente de esa necesidad: representar, unir y fortalecer a la comunidad ecuatoriana residente en España, desde una visión cívica, participativa e inclusiva.

Historia y enmarcación oficial del Comité Cívico de Ecuatorianos en España

Historia CCEE

El Comité Cívico Ecuatoriano en España nació como nacen las cosas importantes: con una mezcla de urgencia, convicción y profundo sentido de pertenencia. Porque alguien tenía que hacerlo. Y ese impulso inicial tuvo un nombre propio: Sonia Sánchez Torres, presidenta de la Asociación Provincial de Lojanos Residentes en España (APLORE).

El 13 de septiembre de 2017, Sonia tomó una decisión que marcaría un antes y un después para la comunidad ecuatoriana en España: era momento de contar con una voz propia, un espacio común y una bandera que no ondeara únicamente en los papeles, sino en acciones concretas, visibles y sostenidas en el tiempo.

Desde el inicio, la intención fue clara y ambiciosa. Visibilizar nuestras raíces, rescatar la cultura ecuatoriana, su gastronomía, sus fiestas y su memoria colectiva. Pero también —y quizá más importante— acompañar a nuestra gente en los momentos más difíciles. El Comité nació para celebrar, sí, pero también para sostener.

Por ello, desde sus primeros pasos, el Comité rindió homenaje a las tradiciones ecuatorianas mediante la conmemoración del Primer Grito de Independencia, la Batalla de Pichincha, la Navidad, el Carnaval o los Reyes Magos. Al mismo tiempo, asumió una de las realidades más duras de la migración: la pérdida de compatriotas lejos de su tierra y la necesidad de apoyar a sus familias en los procesos de repatriación. En una comunidad migrante, contar con una mano amiga no es un lujo; es una necesidad. El Comité lo comprendió desde el primer día.

La semilla se sembró con la unión de cuatro asociaciones fundamentales: ASCAE, Rumiñahui, ASOPEMA y APLORE. Bastaron algunas reuniones entre presidentes, conversaciones francas y una certeza compartida —“esto hay que hacerlo ya”— para que la red se activara. Como toda iniciativa nacida del corazón latino, el proyecto creció rápidamente. Se sumaron emprendedores, grupos de danza, medios de comunicación y decenas de ecuatorianos con la firme voluntad de hacer algo más que sobrevivir en el extranjero: querían construir comunidad.

La primera gran acción llegó el 6 de enero de 2018, con la celebración de Reyes Magos en la Nave de las Terneras, en Madrid. Aquel día, el Comité logró reunir a niños, familias y soñadores. Gracias al apoyo del Banco del Austro y a la generosidad de su entonces presidenta, Susana Ruiz Ochoa, se entregaron juguetes y, sobre todo, sonrisas. Aquella jornada no fue solo un evento: fue la confirmación de que el camino elegido tenía sentido.

Meses después, se organizó la celebración del Primer Grito de Independencia, ya con una comunidad activa detrás: emprendedores, artistas y familias comprometidas. Incluso comenzó a hablarse del logotipo del Comité, porque toda causa que aspira a perdurar necesita también una identidad visual que la represente.

El 11 de agosto de 2018 marcó un punto de inflexión. Un gran desfile en el distrito de Ciudad Lineal, con carrozas, bailes tradicionales, orquestas, autoridades ecuatorianas y españolas, y un evento solidario en beneficio del compatriota Jaime Robalino, quien había perdido una pierna en un accidente laboral. Se recaudaron fondos, se tendieron manos y se envió un mensaje contundente: cuando un ecuatoriano sufre, no sufre solo.

La fe y la espiritualidad también encontraron su espacio. Desde diciembre de 2018, la Novena del Divino Niño Jesús se convirtió en una tradición anual. Cada año, en locales de compatriotas o en hogares generosos, se compartieron oraciones, música, chocolate caliente y esa nostalgia dulce que solo se siente en diciembre cuando se está lejos de casa.

Todo avanzaba con fuerza hasta que, en 2020, la pandemia obligó a detenerlo casi todo. Casi. El Comité no se detuvo. El Primer Grito de Independencia se celebró de manera virtual, a través de Zoom. No hubo abrazos ni mesas compartidas, pero sí algo aún más valioso: la voluntad firme de seguir adelante.

Con la reapertura progresiva del mundo, en 2022 se retomaron las actividades presenciales y se inició un proceso decisivo: la institucionalización del Comité. Porque ya no se trataba solo de una red solidaria o de buenas intenciones. Era una organización con historia, impacto y futuro. El 11 de diciembre de 2023 se legalizaron los estatutos; el 11 de abril de 2024 se inscribió la nueva directiva; y posteriormente se obtuvo el registro oficial de la marca, con la patente n.º 4.240.045. Legalmente constituido, sí. Pero con el mismo corazón de siempre.

En marzo de 2025, el Comité participó en Casa Ecuador Madrid, un evento cultural de alto nivel celebrado en el Palacete de Serrano, con el respaldo de la Embajada del Ecuador y la Fundación Identidad Nacional. Durante una semana, se mostró al público la riqueza del Ecuador: biodiversidad, arte, gastronomía y patrimonio. Fue una vitrina internacional y, al mismo tiempo, una declaración clara: aquí estamos, con orgullo y sin complejos.

Ese mismo año, el Comité organizó con éxito las fiestas patrias en Leganés, con un desfile que congregó a más de 9.000 personas. Hubo misa, bailes folclóricos, gastronomía típica y una energía que solo nace en comunidades que no han olvidado quiénes son.

Hoy, el Comité Cívico Ecuatoriano en España es mucho más que una organización sin ánimo de lucro. Es un símbolo, un puente y un espacio de encuentro. Un lugar donde los ecuatorianos pueden reconocerse, apoyarse, organizarse, reír, llorar y construir juntos.

Nuestra misión permanece intacta: preservar y difundir la identidad ecuatoriana en España. Y nuestra visión es clara: consolidarnos como el referente sociocultural de la comunidad migrante ecuatoriana en Europa.

Puede que no siempre lo digamos en voz alta, pero sabemos bien quiénes somos. Y si alguna vez alguien se pregunta por qué existimos, bastará con mirar cualquier evento, escuchar una canción andina entre las calles de Madrid o ver una bandera tricolor ondeando entre aplausos.
Porque lo hacemos por amor. Y porque nadie lo va a hacer mejor que nosotros.